La Mesa del Congreso ha tomado la decisión de retirar cautelarmente las credenciales a Bertrand Ndongo y Vito Quiles tras el aumento de insultos y ataques a diputados. El debate sobre los límites del comportamiento en la sede de la soberanía nacional llega a su punto más crítico.
El equilibrio entre el derecho a la información y el respeto institucional se ha visto tensionado esta semana. La Mesa del Congreso de los Diputados ha suspendido las acreditaciones de prensa a dos figuras conocidas por su activismo en redes sociales y sus constantes polémicas en la Cámara: Bertrand Ndongo y Vito Quiles.
Los motivos de la suspensión
La decisión no responde a las preguntas que formulan, sino a un «crecimiento exponencial de denuncias» por comportamientos que el órgano de gobierno del Congreso califica de inaceptables. Según los expedientes abiertos, se han registrado niveles de violencia verbal e incluso intentos de grabaciones no autorizadas en despachos de diputados.
Solo en la última semana, Ndongo fue denunciado por proferir insultos durante una rueda de prensa, mientras que Quiles ha sido señalado por interrumpir comparecencias a voces. Estos hechos han llevado a la Cámara a aplicar medidas cautelares basadas en la Ley de Procedimiento Común, a la espera de una revisión definitiva en 15 días.
El límite entre periodismo y activismo
El editorial de El País destaca que, aunque plantear preguntas incómodas es una obligación del periodismo, lo que realizan estos perfiles se aleja de los códigos deontológicos de la profesión. El texto subraya que «el respeto a la sede de la soberanía no admite excepciones» y que el uso de acreditaciones de prensa para hostigar a representantes públicos degrada la dignidad de las instituciones.
Por otro lado, la medida ha generado debate político. Mientras que una parte de la Cámara apoya la sanción para proteger el decoro parlamentario, otras formaciones como el Partido Popular han mostrado su disconformidad, llegando a invitar a algunos de estos perfiles a sus propios actos de campaña, lo que añade una capa de tensión partidista a la gestión del conflicto.
Un precedente para el futuro
Este caso pone sobre la mesa la necesidad de una regulación clara y unánime sobre el comportamiento de los profesionales acreditados en las Cortes. El reto para el nuevo Consejo Consultivo de Comunicación será garantizar que la libertad de prensa se mantenga intacta, sin que ello sirva de «escudo» para comportamientos que crucen la línea del respeto personal y democrático.
(Fuente: Resumen basado en el editorial «Ni excepciones, ni atajos» de EL PAÍS).