Aunque bajan el tabaco y el alcohol, suben la obesidad, el VIH y los problemas de salud mental entre adolescentes.
Un nuevo informe internacional acaba de lanzar una advertencia preocupante: más de mil millones de adolescentes podrían enfrentarse en 2030 a problemas de salud que se podrían evitar o tratar, como el VIH, la depresión, la mala alimentación o los embarazos no planificados.
Este análisis viene de la segunda Comisión Lancet sobre salud y bienestar adolescente, y recoge el trabajo de más de 40 expertos y la opinión directa de 200 jóvenes de 36 países distintos. El mensaje es claro: aunque se ha avanzado en algunas áreas, como la reducción del consumo de tabaco y alcohol, otros problemas siguen creciendo sin control.
Sarah Baird, copresidenta de la Comisión y profesora en la Universidad George Washington, lo resume bien: estamos en un punto clave, y el progreso ha sido muy desigual. Por ejemplo, la obesidad y los trastornos de salud mental están aumentando en muchas partes del mundo, y eso no se puede ignorar.
En 2021 ya había casi 1.100 millones de adolescentes viviendo en lo que llaman «países con múltiples cargas», donde su salud y sus oportunidades de futuro están constantemente amenazadas. Esto supone un aumento respecto a los 1.000 millones que había en 2016, lo que deja claro que no estamos avanzando como deberíamos.
¿Qué nos espera para 2030 si no se toman medidas?
- Anemia: se espera que casi una de cada tres chicas adolescentes la padezca, algo que afecta no solo al cuerpo, sino también al desarrollo mental y emocional.
- Salud mental: los trastornos mentales entre jóvenes han empeorado en los últimos 30 años, y la pandemia solo lo aceleró. Para 2030, podrían perderse 42 millones de años de vida saludable por esta causa.
- Obesidad: en regiones como América Latina, Oriente Medio o países con mayores ingresos, se espera que un tercio de los adolescentes tenga sobrepeso. A nivel mundial, serían unos 464 millones, frente a los 321 millones de 2015.
Pero además de estos problemas que ya conocemos, hay amenazas nuevas en el horizonte. El cambio climático, por ejemplo, va a marcar la vida de esta generación: serán los primeros en vivir toda su vida en un planeta más caliente, lo que traerá más enfermedades, escasez de recursos y mayores impactos psicológicos.
Y por si fuera poco, la era digital también juega un papel ambivalente. Aunque internet y las redes sociales ofrecen oportunidades de conexión y aprendizaje, también generan incertidumbre sobre su efecto en la salud mental. El impacto real aún se está estudiando, pero muchos expertos están preocupados.
La salud adolescente, olvidada en la inversión global
El informe también critica la poca inversión en este grupo de edad. A pesar de que los adolescentes representan un cuarto de la población mundial, solo el 2,4% de la ayuda global se destina a su salud. Esto, dicen los expertos, es una oportunidad perdida.
Invertir en la salud de los jóvenes no es un lujo, es una necesidad. La Comisión pide más apoyo político, inversión real y que las escuelas juegan un papel más activo en el bienestar juvenil. Sin liderazgo, coordinación y un enfoque claro, será muy difícil cambiar el rumbo.