España se ha consolidado como uno de los grandes polos de atracción para estudiantes internacionales. Cerca de 160.000 jóvenes extranjeros cursan estudios presenciales en universidades españolas, un 6,5% más que el curso anterior. El crecimiento responde tanto a programas de movilidad como Erasmus como a la matrícula ordinaria.
¿Por qué tensiona el alquiler?
Muchos de estos estudiantes no optan por residencias o colegios mayores, sino por el alquiler de habitaciones, buscando mayor libertad y poder disfrutar del ocio en España. El problema es que suelen contar con más recursos económicos que los estudiantes españoles —gracias a becas específicas o respaldo familiar—, lo que los coloca en mejor posición para competir por las viviendas disponibles y contribuye al encarecimiento general del mercado.
Origen y destino de los estudiantes:
- EE.UU. y Canadá lideran el crecimiento, con un aumento superior al 21% y más de 12.400 estudiantes.
- También destacan las subidas desde el norte de África (+14%), América Latina y Caribe (+7,6%) y la Unión Europea (+3,3%), este último el colectivo más numeroso, con más de 65.000 universitarios.
- Por países, EE.UU. encabeza el crecimiento (+22,8%, más de 11.000 estudiantes), seguido de Colombia (+15%, más de 10.400) y Marruecos (+13,5%, casi 3.900).
- Por comunidades autónomas, los mayores incrementos porcentuales se dan en Cantabria (+32,7%), Madrid (+11%), Galicia (+8,5%), Comunidad Valenciana (+7,8%) y Cataluña (+6,8%). En números absolutos, las que más estudiantes internacionales concentran son Madrid (+40.000), Cataluña (+33.000), Andalucía (+22.000) y Comunidad Valenciana (+21.000).
Precios por ciudad:
El precio medio de una habitación en España es de 430€ al mes. Madrid (617€) y Barcelona (600€) son las ciudades más caras, seguidas de Valencia (437€). Alicante (362€) y Sevilla (358€) ofrecen las opciones más asequibles.
El mayor poder adquisitivo de muchos estudiantes extranjeros crea una «búsqueda a dos velocidades»: quienes más pagan acceden a pisos reformados y bien ubicados, mientras el resto amplía radios de búsqueda o comparte más habitación. Esto ya afecta a la igualdad de acceso a la educación superior, con jóvenes que renuncian a estudiar en determinadas ciudades por no poder costear el alojamiento.